La carta de presentación divide opiniones: hay reclutadores que no las leen y otros que descartan candidatos por no enviarla. La estrategia inteligente: saber cuándo escribirla y tener un método para hacerla en quince minutos.
Cuándo sí escribirla
- Cuando la vacante la pide (obvio, pero a diario se ignora).
- Cuando cambias de sector y tu CV no explica el porqué.
- Cuando tienes vacíos laborales que conviene contextualizar.
- Cuando la empresa es pequeña: ahí sí la lee quien decide.
- Cuando de verdad quieres ESE puesto y necesitas desempatar.
Cuándo no hace falta
Postulaciones masivas por portal donde no la piden, y procesos con formularios que ya preguntan tu motivación. Ahí tu energía rinde más adaptando el CV.
La estructura de 4 párrafos
- El gancho (2–3 líneas): por qué esta empresa y este puesto — algo concreto de ellos. Nada de «Me dirijo a ustedes con motivo de…».
- Tu argumento (3–4 líneas): tu logro más relevante para esta vacante, con números. Uno bien contado vale más que cinco enumerados.
- El encaje (2–3 líneas): qué harías por ellos los primeros meses; demuestra que entiendes el rol.
- El cierre (1–2 líneas): disponibilidad para conversar, agradecimiento sin servilismo, contacto.
Una carta es un argumento, no una autobiografía: máximo media página, dirigida a una persona con nombre cuando sea posible.
Errores que la matan
- Repetir el CV en párrafos: la carta complementa, no duplica.
- La carta genérica con «su prestigiosa empresa» — se huele a kilómetros.
- Hablar solo de ti: el centro es qué ganan ellos contigo.
- Errores de ortografía o — el clásico fatal — el nombre de OTRA empresa pegado de la carta anterior.
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